Es la 1:15 am, esta es la quinta taza de café del día. Ha sido un día largo que aún no termina. Maia se acaba de dormir hace apenas una hora, decides bañarte nuevamente, tienes que recobrar energías pues hay un trabajo que terminar.
Aplicada nunca ha sido, ni crees, que llegue a ser, una palabra que te defina precisamente. Has tenido de costumbre dejar los trabajos para última hora, siempre. No hay un final de semestre que no entres en estrés. Pero ha sido tu modo de operar por los pasados años y siempre te ha dado resultado, tienes que aceptar que trabajas mejor cuando estás bajo presión.
Hoy sin embargo te arrepientes de esa mala costumbre. Tienes que entregar un portafolio mañana y uno el jueves y ¿qué tenías? Hasta hoy, nada. Te levantas temprano, en tus planes estaba ir la universidad a hacer el trabajo pero decides quedarte porque tu mamá te dice que le duele a cabeza que no te puede ayudar con las nenas. Ok, son tus hijas ¿no?
De manera que empiezas a bregar con el trabajo a las 8:30 de la mañana, aún cuando tu cuerpo deseaba estar metido en la cama. Una taza de café y vamos arriba que hay que acabar esto hoy. Sí esa era la actitud a las 8 de la mañana, antes de que tus hijas se levantaran.
A pesar de ser martes Yesmar está en tu casa. Su maestra fue agredida por uno de los estudiantes y se encuentra por el fondo. El sistema de educación pública de este país es tan eficiente que no tiene una maestra sustituta por lo cual tienes que quedarte con ella. Yesmar sola no es un problema en lo absoluto. Ella de fácil manejo, no tiene problema con jugar, ni con ver televisión, pero cuando está junto a Maia es una guerra campal. Lo de inquieta, traviesa, voluntariosa y burlona que le falta a Yesmar le sobra a Maia. Y así se pasan el día, Yesmar llorando y peleando porque Maia la está jodiendo y Maia disfrutando como Yesmar llora y pelea porque ella la jode.
Así que paras el trabajo algunas 20 veces por cada pelea, otras 20 veces por cada vez que Maia va al baño cada hora, unas 50 más cada vez que hace, toca o destruye algo que no debía haber tocado o hecho, unas 10 veces por todas las veces que Yesmar te pidió algo de comer (raro), unas 15 veces por todas las veces que tu hermano te gritó porque Maia esta trepada en algún lugar alto o salía corriendo para casa del vecino, entre otras 60 veces que ni recuerdas por que fueron.
Agh en este momento te gustaría que tus hijas fueran un poco más ordinarias, que jugaran, que vieran televisión, que DURMIERAN, pero no, este es el precio que tienes que pagar por tener unas hijas simplemente únicas y extraordinarias.
Lloras, lloras como una pendeja. Momentos como estos son en los que te gustaría, también, ser más normal, más conformista, más del montón. Saliste embarazada a los 18 ya a los 22 tenías dos hijas, o sea hay excusas para echarse pa’ tras, hay excusas para quedarse en casa cogiendo cupones y WIC, ¿qué más da? No serías la primera. O si no ¿Por qué de tantas cosas que podías estudiar decidiste ser maestra? ¿Por qué la UPR? ¿Por qué te complicas la vida? Es más hasta pensaste, en la mierda de anuncio de Puerto Rico se Supera, quizás serías gerente de Burger King o Pitusa, sí, te ríes de las estupideces que el coraje te hace pensar. Más de una vez, pasa el pensamiento de tirar la toalla, ¿vale la pena? Sabes que sí, pero no quieres seguir.
Es la 1:25 ya tus hijas están dormida y no se escucha más que el reggae (siempre te ayuda a pensar) que tienes de fondo en la computadora y aunque sabes que tu mente no da pa’ más tienes un trabajo que terminar, al fin y al cabo eso es parte de ser madre y estudiante.

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