Mis hijas me comprueban una y otra vez que entre los gustos de los padres y de los hijos existe un gran abismo. Yo solía, bueno lo acepto aún me pasa, odiar la música sacra que mami ponía todos los sábados para limpiar. Me encerraba en mi cuarto y ponía mi música a todo volumen para no oírla, muchas veces mi radio terminaba desconectado o fuera de mi cuarto. En mi casa no se escucha música del mundo, eran sus palabras. So así fue hasta que fui creciendo y no sé si fue que ya mami me dejaba por loca o que se fue acostumbrando, pero ya no le molestaba tanto mi música. Ahora le molesta a Yesmar.
Yesmar es sumamente diferente a mí. No compartimos gustos en lo absoluto. Ni en ropa, colores, programas de televisión, comida, música.
Como saben me gusta mucho, mucho el reggae y unas de mis bandas preferidas de dicho género son Los Cafres. Cada vez que los pongo es un lío con Yesmar. Lo curioso es que otros exponentes no le dan tanto coraje, por ejemplo puedo escuchar Bob Marley o Cultura Profética y no le molesta tanto como cuando pongo Los Cafres.
-Esa música me cansa, dice al mismo tiempo que me apaga el radio.
-Ay mamá tú siempre escuchando esas canciones, no las soporto.
Y así sigue hasta que termino quitándolo para llevar la fiesta en paz con ella.
Hace unos días, de estos días en los que me apaga el radio porque no soporta mi música, mi prima nos buscó y puso reggaeton en el carro. ¡Ay para qué fue eso!, Yesmar parecía estar en el paraíso. Solo venían dos cosas a mi mente: Mami y Maia. Mami porque recordaba cuando me quitaba mi música satánica del radio y juré no hacerle eso a mis hijas, (aunque creo que de seguir gustándole tanto el reggaetón me va a costar mucho trabajo) y Maia porque como ellas son tan diferentes en todo sentía que mis esperanzas estaban puestas en ella.
Espero que con el tiempo Yesmar afine un poco sus gustos musicales por que definitivamente a ella le gustan otro tipo de Cafres.

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