Tiene exactamente 5 años con 10 meses y en ocasiones parece mi mamá.
Es increíble como Yesmar me habla, me regaña y hasta me aconseja. Siento que vivo con una pequeña conciencia que me recuerda cómo deben ser las cosas y porque.
Mamá ponte el cinturón que te van a parar los guardias.
Mamá el refresco no es saludable, tienes que beber agua.
Mamá eso no se dice.
Mamá no quiero que tengas novio.
Mamá no te desanimes, tienes hacer tus trabajos de la universidad y salir bien en la escuela por tus hijas.
Mamá, ¿sabes porque tú estás pela’? porque gastas mucho dinero en mi y en Maia, tienes que comprarnos menos cosas y comprarte cosas para ti.
Yesmar ¿qué quieres para Navidad?, lo que tú quieras mamá.
Yo sé que Santa Claus no existe, pero voy a seguir diciendo que sí para que los demás se lo crean.
Wow, Yesmar se te cayó otro diente, tienes al ratón en la quiebra ya. Si el ratón no tiene chavos mamá, está bien, yo le pido a papi un dólar y me compro un mantecado en la escuela.
Entre tantas otras que ahora mismo ni recuerdo, esta niña me hace sentir en ocasiones que tiene incluso más madurez que yo. Esa insistencia en hacer las cosas bien, por la norma, según las reglas tan diferente a mí, me conforta al mismo tiempo que me confunde. ¿Será totalmente positivo que siempre quiera seguir las reglas al pie de la letra? De todos modos amo esa madurez que presenta y me llena de ánimo saber que tengo un pequeño angelito dándome ánimos y recordándome como, según lo que los adultos, (incluyéndome a mí) le han dicho que deben ser las cosas.
Ay mi enana, la imagino cada vez que me regaña o me aconseja diciendo “La madre de la niña por favor”
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